Exploro mi mundo interno,
mientras el sudor
renace de mis membranas
empesinadas en una
velocidad constante.
Mis músculos se tensan,
y el ambiente se carga
de un sonido ruidoso
que estalla en un suspiro.
Ocupados uno y el otro,
nos olvidamos
que existimos.
Las palabras se desvanecen,
los movimientos se pierden
y el cuerpo se mantiene intacto.
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